lunes, 2 de febrero de 2009

En un bosque de hoja caduca

Lucía Alfaro todavía conserva el cuaderno de tapas negras de su niñez, en el que anotó con detalle las observaciones que realizo en un bosque de hoja caduca.

Lucía rememora aquel verano, en el que disfrutó de la compañía y la amistad de Tsipi, el ruiseñor que vivía en el claro del grosellero, y que le permitió abandonar la infancia sin olvidar quién fue y descubrir que, tanto para el hombre como para el pájaro, la vida es aprendizaje, dolor, amor y muerte.

Lo vivido y lo soñado en la infancia tiene en el recuerdo el camino para recuperarlo, y en la escritura, el medio para transmitirlo.

Esto es como las grandes historias, o los grandes amores, o las muertes más sonadas, que suceden así, de casualidad. De casualidad me vine a encontrar con esta obra de Gonzalo Moure, ilustrada por Esperanza León, en un mercadillo cualquiera a un par de euros. Una historia sobre la belleza, la libertad, la independencia, quizá el amor, la perdida, y, la superación. No es fácil reponerse a las perdidas de la vida, no es fácil plantarle cara a la muerte, al tiempo, a la soledad. Y tienen que venir aquellas personas que tienen todo por vivir y, por lo tanto, todo por perder, para mostrarnos la única y grandiosa manera de vivir la vida, antes de que ella viva a costa nuestra. Es una de estas historias de grandes valores que solo los niños son capaces de comprender.

4 comentarios:

Cohen dijo...

La primera ilustracion tiene algo entre magenitco y fugaz

Viva dijo...

y yo siempre he sido un poco niña...

Aretha dijo...

Me encantaría tener estas ilustraciones enmarcadas, son magníficas

viaflá dijo...

me encanta... me la quedo...