





Es por eso por lo que cuando pienso en la felicidad aparece un salón, la puerta abierta a un balcón, el sol golpeando con fuerza pero sin quemar. Mi cuerpo, recién levantado, se mueve de una estancia a otra, diferentes voces recorren la casa sin cesar. Siempre he sido de esconderme en los rincones para crear de ese momento algo que vaya mas allá.
Esta es mi felicidad, y nunca pude contártela, pues, cuando te pedí que te quedases, me dijiste que ya te habías marchado.


Se diría, que a juzgar por los indicios, que el soñador –Goya, el artista—ignora dos cosas, la segunda mas que la primera. Una, que nos sugiere el titulo, es que quien se encarga de convocar las presencias subterráneas que taladran las sombras con la mirada, es el propio durmiente con el sestear de la conciencia. Otra, que señalo en el titulo del presente libro, El cuerpo es el sueño de la razón, es que este mismo autor ignora que todo lo que refrenamos de nuestro fuero interno, todo aquello que reprimimos, retorna tarde o temprano a cerrar el circulo con alguna reparación que no es siempre inteligible. Refrenados hasta entonces, los contenidos instintivos no liberados se evaden durante el sueño o la vigilia de bajo rendimiento debido a la necedad o la ignorancia. Y al manifestarse pueden causar espanto.
Esto es, precisamente, lo que responsabiliza al “sueño de la razón” de producir siempre monstruos.
"El cuerpo es el sueño de la razón y la inspiración una serpiente enfurecida" Pere Salabert





Y no logro olvidar los árboles verdes. La blanca nieve y los rulos al amanecer. No olvido las amapolas en verano ni aquella gran carrera delante de unas fieras abejas tras haber destrozado su panel.
No olvido la piscina, ni esa sensación de haber sido criado por todos, en la calle, como en los antiguos pueblos, pero, simplemente, a las afueras de la ciudad.
No olvido el sonido de mi cabeza al caer sobre una fuente de piedra ni el sonido de mis lágrimas al caer sobre el suelo en ese mismo lugar.
No olvido Jurassic Park.
Pienso en tu lavadora, yo sentado sobre ella, tu cocinando. Las fotografías, y las cámaras. No olvido la luz roja de lo que yo no sabia era un improvisado laboratorio en el baño que tanto utilice.
No olvido la nostalgia. Ni la felicidad. No olvido la pena. Ni las alegrías.

Y me pregunto aun, si, a pesar de no olvidar, cuando la tierra que pisaste ya ha desaparecido, cuando dejaste aquel lugar que, dicen los poetas, te vio nacer. Los recuerdos, reales o creados. Tu casa, quince años abandonada. Tu mismo, indeciso. Las lágrimas, que tus parpados siempre aciertan a recorrer. Los pinos.

Este amigo defendía la figura del amante como esa tercera persona que facilitaba la infidelidad, yo, en cambio hablaba del amante como una persona con la que te sentías bien, tanto dentro como fuera de la cama. No tienes pareja, no quieres tenerla, pero te acuestas con alguien, quedas a comer, habláis a las seis de la madrugada como lo hacéis a las cinco de la tarde. No hay un compromiso claro, puedes follarte a quien quieras, pero quizás ni quieras hacerlo.

Pero pasa el tiempo, y crecemos, vamos cambiando. Claramente puedo echar un polvo en un callejón mal iluminado o hacer una mamada en un baño, pero, ¿no lo habéis notado?.
Esta misma noche escuche a alguien decir que el amor se va repartiendo conforme va creciendo.
Si, tarde un poco en comprenderlo, y ahora lo veo totalmente claro. El amor existe y es real, el amor se puede encontrar por horas, durante una noche, en cualquier recóndito lugar.
Luego esa persona se va, y su amor también.
Posiblemente mañana este con otro como tu y sus besos sean bastante parecidos, sus abrazos igual de efusivos y sus lametazos igual de estudiaos y premeditados.
Pero, ¿que ocurre con ese amor?.
El amor no se va como no es igual en cada persona. Soy consciente de que sentimos ese amor, percibimos esas sensaciones, por la forma que esa persona tenia de follar.
Pero el amor es una sensación volátil, que no todos somos capaces de apreciar y de abrazar, de coger y quedárnosla dentro.
El amor no decide como ni cuando aparecer ni decide si debe o no debe entrar.
Por ello creo firmemente que uno puede querer durante una sola noche a un desconocido y sentirlo de verdad. Yo lo he sentido, y lo he pensado, en ese momento, en una cama desconocida, que eso era amor. Y era real. Perecedero, el amor, que no el sentimiento. A la mañana siguiente todo es diferente claro, pero esa sensación no se olvida ni se va.
Con el paso del tiempo no recuerdas como la chupaba, si gritaste al correrte o en que parte de su cuerpo tu semen fue a caer. No, recordaras como sus besos comenzaron en tu frente, rozaron a tu nariz y germinaron en tus labios.

Es como el libro de Félix Romeo, “Amarillo”.
Una tarde cualquiera buscando, no se, “Nocilla Lab” ves que detrás de este asoma una portada amarilla con unos edificios ilustrados en la parte baja del mismo. Una imagen granulada y unas letras negras en la parte superior.
Una rápida mirada y tu estomago da un vuelco. Como cuando encuentras a un viejo amigo que viene por sorpresa y se te aparece por detrás.
Ya te habías leído aquel libro con anterioridad, pero no lo recordaste hasta unos minutos después. Fue todo tan rápido. Una serie de imágenes diversas, de sensaciones, de vivencias pasadas. Una persona especial. Un momento que fue perfecto para ti. Un tiempo en el que te encontrabas, no se, genial. Una bonita amistad que aun dura. Tus palabras. Sus primeras confidencias…
Todo vuelve a tu mente, a la mía, en cuestión de segundos. Coges rápidamente el libro como si te lo fuesen a arrebatar y corres rápidamente a pagar. Necesitas que sea tuyo. Sigues aturdido durante un par de minutos mas hasta que comprendes que todos esos sentimientos y vivencias, esas sensaciones son reales con ese libro o sin el. Que es algo que vive en ti, pero que un estimulo, algo pasajero, como un amor de verano, como un polvo de una noche había hecho estallar.

Una imagen que te descoloca, un desconocido que despierta en ti fuertes sentimientos que, en mayor o menor medida, nunca vas a olvidar.
En ocasiones me pregunto como debe sentirse alguien que sabe que influye, que cambia a otras personas.
Pienso y digo que deben o debían pensar alguien como David Bowie o Kurt Cobain cuando se miraban al espejo, desnudos, con una tenue luz amarillenta y viesen que su reflejo es real. Que son ellos mismos los creadores de una escuela y una secuela que influirá directamente en tantas personas, en tantas ciudades, en tantos momentos. Pasaran años y la gente seguirá siendo conquistada por todo aquello que ellos fueron, por lo que hicieron y crearon, convirtiéndose ellos mismos en esa nueva esperanza que en algún momento de sus vidas se alzara como el eje que los guiara en su forma de pensar, de sentir, de vestir o de caminar.

Vives en una espera continua, con la sensación de que antes o temprano todo lo que tengo se va a perder.
Pero durante un periodo de tiempo tu vida y las personas que la vivieron junto a ti despertaron en tu interior ciertas sensaciones que te hicieron crecer, madurar y cambiar.
Convertirte en lo que eres.
Las imágenes se convierten, otra vez, en el despertar de un pasado y de un futuro. En la afirmación de nuestra propia historia. Las imágenes no nos dejan olvidar. Las imágenes nos recuerdan por que debemos perdonar.

Imagina una cama que no te pertenece, dos cuerpos enrollados duermen. Estás desnudo, pero en ocasiones hasta tienes calor. Es invierno. Y un incontrolable estimulo te hace despertar, no se, cinco o seis veces durante toda la noche. Besas rápidamente a la persona que tienes al lado, casi inconscientemente, y te vuelves a dormir. Un beso suyo, igual de fugaz te despierta rato después. Es cuestión de unas milésimas de segundo. Y todo pasa rápido, y a la vez es tan intenso. Como un sueño.
Si, es una historia de una noche. Miras rápidamente su carné de identidad tirado por el suelo de la habitación por que no recuerdas su nombre. Quizás no lo vuelvas a ver.
Pero recuerda sus besos, piensa en tus sentimientos, no olvides aquellas sensaciones, reescribe tu propia historia y dime, ¿quien se atreve a afirmar que no ha sido real?
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fotografías: http://www.jonathanleder.com/